José Martín Pérez, anterior testigo de Jehová y Autor de esta Web
N
o hay pelea más desigual que la del huevo contra la piedra, pues ésta, por su solidez, termina aplastando a su oponente. De ahí que se use esta imagen para describir una lucha desproporcionada, en la que la parte poderosa siempre sale airosa.
No es fácil luchar contra el poder. Se arriesga todo lo valioso para un ser humano: su vida, su buen nombre y su libertad. Esto ha sido una constante a través de la historia. La dirigencia de instituciones totalitarias de cariz religioso no es la excepción, pues actúa de manera aplastante contra todo el que ose contradecirle, y mientras más talento se muestre, mayor es la virulencia de su reacción.
Es interesante ver la sarta de calificativos que le endilgan a sus disidentes: “apóstatas”, “cerdos que vuelven al fango”, “lobos vestidos de oveja”, “orgullosos”, “tercos”, y un sinfín de epítetos despectivos, que se centran en descalificar a la persona, pero que ni por asomo se ocupan en refutar los argumentos razonados que estos presentan.
La pusilanimidad, la mediocridad y la abyección son premiadas y promovidas, pero cualquiera que desentone o tenga un criterio propio es visto con ojeriza y como una potencial amenaza a la que hay que silenciar.
Una institución con tal grado de paranoia refleja una inseguridad y un temor muy patentes. Tienen mucho que perder si se le desmorona el tinglado doctrinal que han edificado. Hay muchos intereses en juego y se manejan como el prototipo de Caifás, el pragmático Sumo Sacerdote judío que aplastó a un, en apariencia, frágil carpintero de Nazaret. Al final la historia niveló todo y la maquinaria romana cobró venganza justa por todos los atropellos cometidos en el nombre de Dios. La piedra terminó pulverizada. El nombre de Caifás pasó a la historia lleno de ignominia, todo lo contrario a lo que sucedió con Jesús.
Que lo tengan bien sabido aquellas jerarquías todopoderosas que humillan y aplastan, que dividen y difaman. Momentáneamente parece que han triunfado, cuando expulsan y vejan a los objetores de conciencia entre sus filas, pero es un triunfo efímero, a su tiempo estos serán vindicados.
Las piedras que aplastan los huevos puede que queden embarradas por siempre.