RELIGIÓN | EL MESÍAS DEL ECUMENISMO

Un «Papa» para todos los cristianos

JOSÉ MANUEL VIDAL

El hermano Roger
Apóstol. Lleva más de 20 años reuniendo a cientos de miles de jóvenes en busca del Infinito. Este fin de semana concentró en la ciudad de Barcelona a unos 100.000 «peregrinos de Dios» venidos de todo el continente europeo. Llegan sedientos de fe y atraídos por la figura carismática del hermano Roger, el prior de la original comunidad monástica de Taizé.

A sus 85 años, su rostro enjuto de campesino transparenta sencillez, delicadeza, ternura y pasión por la unión de los cristianos. De todos los cristianos. No en vano, esta pasión fue la que le llevó a fundar una comunidad de monjes sumamente peculiar. Peculiar por sus componentes -protestantes, católicos, anglicanos y ortodoxos-; peculiar por sus reglas -Taizé no tiene estatutos ni normas de convivencia-; peculiar por su objetivo -el ecumenismo-, y peculiar por el carisma de su fundador, quien ha convertido Taizé en lugar de encuentro de los jóvenes del mundo entero y en una parábola de reconciliación y comunión.

Juan XXIII llamaba a la comunidad de Taizé «esa pequeña primavera». Y Juan Pablo II, que la ha visitado varias veces, confiesa que «pasar por Taizé es como pasar por una fuente». Y es que el hermano Roger, conocedor del distanciamiento que experimentan muchos jóvenes de sus respectivas iglesias, ha convertido Taizé en un espacio de acogida juvenil y en un signo de esperanza y futuro para las iglesias y para la sociedad.

Roger Schutz nació en 1915 en el seno de una familia calvinista en la pequeña aldea de Provence, cerca de Neuchâtel (Suiza). Su madre era francesa y su padre, suizo y pastor protestante. De pequeño quiso ser escritor, pero terminó estudiando teología, para convertirse en pastor de la Iglesia protestante, como su padre.

En 1940, entre las ruinas de la Segunda Guerra Mundial, este calvinista suizo se instaló en el pueblecito de Taizé, cerca de Cluny (en la Borgoña francesa), para acoger a refugiados, sobre todo judíos. En 1942 funda la primera comunidad monástica ecuménica, cuando este término ni siquiera aparecía en el vocabulario de las grandes iglesias cristianas. Un acontecimiento inaudito en un pastor protestante, dado que las iglesias de la Reforma habían rechazado durante siglos la vida monacal.

Poco a poco fueron llamando a sus puertas multitud de monjes católicos, anglicanos y ortodoxos, en su mayoría chicos jóvenes. Y Taizé se convirtió en la meca universal del ecumenismo. Desde entonces, la obra del hermano Roger creció y creció, se extendió por todos los rincones del mundo y se hizo enormemente famosa.

Pero, a pesar de ello, Taizé sigue conservando desde el día de su fundación la misma dinámica original, basada, sobre todo y en primer lugar, en la provisionalidad. Por ejemplo, Taizé no tiene oficinas, ni bienes muebles o inmuebles y, a finales de año, destruyen pormenorizadamente todas sus estadísticas y documentos para «no caer en la tentación de celebrar un día nuestra propia historia», como dice el hermano Roger.

En la actualidad, la primera comunidad fraterna ecuménica de la historia de la Iglesia cuenta con más de 80 monjes de diversas confesiones religiosas. Viven en común, lo comparten todo y rezan juntos. Pero ninguno deja de profesar su propia religión. Y es que, como dice el propio hermano Roger, el padrino de la idea, «la unidad no se conseguirá con negociaciones y convenios jurídicos, sino viviéndola en pequeñas comunidades como Taizé».

Las iglesias protestantes, de una de las cuales emergió el hermano Roger, fueron las que más tardaron en digerir la iniciativa de este pastor carismático. Temían que, por el camino de Taizé, Roma pretendiese instalarse subrepticiamente en el campamento de la Reforma. Hoy, el hermano Roger es considerado ya una especie de santo en vida por todos los cristianos, sin distinción alguna de credo. El Papa le venera, y tan alto ha alcanzado su carisma, que reyes, presidentes de Gobierno y otros hombres de Estado acuden a él en busca de consejo.

¿Por qué? Su receta, por profundamente evangélica, es de lo más sencillo: diálogo y reconciliación. Y es que, como dice el prior de Taizé, «sin reconciliación no hay futuro para la persona humana». Lo dice sin ambages uno de los últimos profetas que le quedan a la Iglesia. Lo dice el místico que durante 22 años ha conseguido sentar a la misma mesa y acoger bajo el mismo techo a centenares de monjes católicos, protestantes, ortodoxos y anglicanos. Lo dice, en definitiva, el apóstol del ecumenismo práctico.

MARTES, 2 DE ENERO DEL 2001


Taizé: Los 80.000 jóvenes que rezaron en Barcelona por la paz regresan a sus casas con nuevo espíritu


Sonia Doménech - Barcelona .-

Los 80.000 jóvenes reunidos en Barcelona desde el pasado jueves para velar y reflexionar por la paz en el mundo iniciaron ayer el camino de regreso a sus hogares que, en muchos casos, se alargará durante varias horas debido a la variada procedencia de los participantes en el Encuentro Ecuménico Taizé. Los más de 35.000 jóvenes de la Europa del Este son los que más horas de viaje tenían por delante pero se marchaban con el alma tranquila después de haber estado meditando durante cuatro intensas jornadas de plegarías, talleres de reflexión e intercambio de ideas entre católicos, protestantes y ortodoxos, guiadas por el fundador de la comunidad Taizé, Roger Schutz.

Ayer por la mañana, los jóvenes que durante estos días han inundado las calles de la Ciudad Condal pernoctando en iglesias, hogares de particulares y centros escolares tuvieron tiempo para realizar las últimas plegarias a pesar de que los actos programados finalizaron oficialmente la tarde de fin de año cuando el hermano Roger quiso recordar a los jovenes que «Cristo vino sobre la tierra no para crear una nueva religión, sino para ofrecer una comunión para todo ser humano». Ayer, los jóvenes que se alojaban en familias acudieron a unas 300 parroquias barcelonesas para celebrar una vigilia dedicada a la paz entre las naciones.

DOMINGO, 31 DE DICIEMBRE DEL 2000

Los jóvenes europeos testimonian al mundo el espíritu de tolerancia y la solidaridad

El hermano Roger, fundador de Taizé, respalda la pastoral juvenil impulsada por el Papa

El Encuentro Ecuménico de Taizé pretende abrir al mundo un testimonio vivo de solidaridad. Como puesta en práctica de este propósito, los jóvenes participaron, durante el día de ayer, en una serie de conferencias destinadas a potenciar la solidaridad. La convivencia de este nutrido grupo de jóvenes provenientes de diversas naciones y de diversa sensibilidad religiosa se ha convertido en una expresión viva de la unidad y tolerancia que, por desgracia, no ha caracterizado la relación entre los países europeos. Hoy participarán todos juntos en la tradicional misa de Nochevieja.

FOTO

Momento del Encuentro Ecuménico
de Taizé, en Barcelona

Xiana Siccardi - Barcelona.-

La organización del encuentro se mostraba ayer muy satisfecha con las actividades en los talleres de conferencias que estaban llevando los miles de asistentes al encuentro ecuménico. Los jóvenes de Taizé realizaron durante toda la tarde de ayer una serie de conferencias destinadas a potenciar la solidaridad cuando estos jóvenes vuelvan a sus países. Se distribuyeron ayer por países para que su mensaje de solidaridad, cuando partan de vuelta, también llegue a sus respectivas nacionalidades y que se mantenga durante todo el año.

La organización del Encuentro Europeo de Taizé también cuenta con un subgrupo de jóvenes que, al margen de las actividades que se celebran anualmente en distintas ciudades europeas, continúan todo el año orando y transmitiendo un mensaje de paz el tercer sábado de cada mes. A partir de esta iniciativa, que se celebra desde el Encuentro de Milán de 1998, los jóvenes de Taizé decidieron ayer continuar practicando la solidaridad en sus respectivos países para que, cuando regresen, sean conscientes de su realidad más inmediata y desarrollen su compromiso solidario y de unión en su vida cotidiana.

Mañana por la tarde se celebrará en uno de los pabellones del recinto de la Fira del Barcelona la misa de Nochevieja, oficiada por el Arzobispo de Barcelona, el cardenal Ricard Maria Carles, y el Abad de Montserrat, Josep Maria Soler.

Al acto asistirá también el presidente de la Generalitat, Jordi Pujol. Después de la misa los jóvenes volverán a sus respectivas parroquias donde por la noche darán continuidad a sus oraciones y encuentros a favor de la diversidad y la unión entre los distintos países.